Arabia Saudita dio a conocer nuevas estimaciones presupuestarias el 30 de septiembre, proyectando un déficit para 2025 más del doble del pronosticado anteriormente.
El momento oportuno pone de relieve un delicado equilibrio. El reino continúa invirtiendo dinero en megaproyectos y adquisiciones, mientras que la disminución de los ingresos petroleros amplía su déficit fiscal. No es una historia nueva —Riad lleva mucho tiempo aceptando el déficit como el precio de su histórica reforma económica—, pero las cifras ponen de manifiesto hasta qué punto la ambición de gasto choca con la realidad fiscal.
Detalles: El Ministerio de Finanzas de Arabia Saudita prevé un déficit de 65.300 millones de dólares en 2025, equivalente al 5,3 % del producto interior bruto (PIB). Esto supone un aumento con respecto a los 27.000 millones de dólares, o aproximadamente el 2,3 % del PIB, proyectados en noviembre pasado. El gasto total para el año se proyecta actualmente en torno a los 356.000 millones de dólares y un crecimiento del PIB del 4,4 %.
Las revisiones, publicadas en la Declaración Preliminar de Presupuesto para el Año Fiscal 2026, reflejan ingresos petroleros más débiles de lo esperado y un gasto continuo vinculado al ambicioso plan de diversificación económica Visión 2030 del Príncipe Heredero Mohammed bin Salman.
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