Los ataques aéreos israelíes y estadounidenses lanzados contra Irán el 28 de febrero llevaron rápidamente a Oriente Medio al borde de una guerra a gran escala. En cuestión de horas, Teherán respondió lanzando misiles y drones contra objetivos en varios países del Golfo y contra Israel, provocando una fuerte conmoción en una región ya de por sí tensa. La Franja de Gaza, asolada por la guerra, se ha mantenido prácticamente al margen de esta última ronda de enfrentamientos.
A pesar de haber condenado con vehemencia lo que describió como la “brutalidad y salvajismo” israelí y el “apoyo estadounidense” a la misma, Hamás ha optado hasta ahora por no unirse al conflicto, más allá de anunciar su respaldo a la República Islámica. La situación en Gaza y factores internos han influido en la postura de Hamás y en sus decisiones respecto a la guerra que aún se libra en el Golfo.
Desde el alto el fuego de octubre en la guerra entre Hamás e Israel en Gaza, millones de personas siguen desplazadas en el territorio palestino, con acceso limitado a necesidades básicas como vivienda, alimentación y atención médica.
El analista político Ibrahim Al-Madhoun, afín a Hamás, declaró a Al-Monitor que Hamás considera que la intervención directa en la guerra de Irán es compleja y difícil, y que podría desencadenar consecuencias devastadoras en una Gaza destrozada por casi dos años de guerra incesante entre el grupo palestino e Israel.
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