El primer ministro Benjamin Netanyahu ha respaldado públicamente el plan del presidente Donald Trump para Gaza , pero continúa obstaculizando las conversaciones sobre su implementación. Los analistas sugieren que tiene poca intención de implementarlo plenamente ante la creciente presión del ala ultraderechista de su coalición.
Anunciado el 29 de septiembre, el plan de 21 puntos de Trump consta de tres partes. La primera exige un alto el fuego, la liberación de todos los rehenes retenidos en Gaza a cambio de cientos de prisioneros palestinos, una retirada parcial del ejército israelí de la Franja de Gaza y la ampliación de la ayuda humanitaria. La segunda exige la retirada total de Israel y el desarme de Hamás, y la tercera exige la reconstrucción de Gaza, bajo la supervisión de una Junta de Paz, allanando el camino para que un gobierno palestino tecnocrático o de transición administre Gaza y, con el tiempo, avance hacia la creación de un Estado palestino.
La esperada segunda fase del plan pone a Netanyahu en una posición difícil. Se enfrenta a la presión del ministro de Seguridad Nacional de extrema derecha, Itamar Ben-Gvir, y del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, para que lo rechace, mientras que Trump lo presiona para que siga adelante. La decisión de Netanyahu la semana pasada de nombrar a Ben-Gvir y Smotrich, junto con tres ministros del Likud, para el equipo que supervisa la segunda fase, pone en duda el futuro del alto el fuego.
Presión de Washington
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