El ataque con misiles del 23 de junio contra la base aérea Al Udeid en Qatar marcó la respuesta más directa de la República Islámica hasta el momento a la Operación Martillo de Medianoche, el bombardeo estadounidense de sus principales instalaciones nucleares. Fue la primera vez que Irán atacó una base estadounidense en el Golfo, un golpe simbólico y estratégico que desencadenó una ola de recalibraciones diplomáticas y militares en toda la región.
El alto el fuego entre Irán e Israel, mediado por Trump, se ha mantenido durante casi una semana. Aun así, los líderes regionales —especialmente aquellos dentro del alcance de los misiles iraníes y sin los sistemas de defensa aérea multicapa de los que disfruta Israel— evalúan con cautela el futuro.
El estrecho corredor del Golfo de disuasión, diálogo y control de daños
La represalia iraní a la Operación Martillo de Medianoche, liderada por Estados Unidos, llegó con rapidez y estrategia: un ataque con misiles limitado, pero muy simbólico, contra la base Al Udeid de Qatar, la mayor instalación militar estadounidense en el Golfo, sede regional del Comando Central de Estados Unidos. Aproximadamente 8.000 soldados estadounidenses estaban estacionados allí antes de la escalada.
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