WASHINGTON — La visita de Estado del príncipe heredero Mohammed bin Salman a Estados Unidos esta semana dio como resultado algunos avances significativos para el acceso del reino a tecnología estadounidense sensible, pero no logró las principales concesiones estratégicas que buscaba el líder saudí.
La visita de alto perfil supuso una victoria política para el príncipe heredero, ya que la Casa Blanca ha intentado rehabilitar su imagen después de que su presunto papel en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018 asestara un duro golpe a las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí.
Además, se obtuvieron logros sustanciales, como la aprobación del presidente estadounidense Donald Trump a los planes para vender a Arabia Saudí decenas de aviones de combate F-35 Joint Strike Fighter y el levantamiento de los controles estadounidenses a las exportaciones de semiconductores avanzados. Ambas partes también firmaron una serie de acuerdos más amplios sobre el intercambio de minerales críticos, la cooperación en energía nuclear y la colaboración en inteligencia artificial.
Si el Congreso lo aprueba, la venta de los F-35 convertiría a Arabia Saudita en la primera nación árabe en adquirirlos. Poseer aeronaves con capacidad furtiva podría inclinar la balanza del poder militar ofensivo en Oriente Medio hacia el Golfo, al socavar el monopolio de Israel sobre las capacidades de ataque furtivo.
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