En 2025, Estados Unidos implementó uno de sus cambios más trascendentales en la política de Oriente Medio en años, actuando con rapidez para normalizar las relaciones con el nuevo gobierno sirio. Liderado por Ahmed al-Sharaa, exlíder del grupo rebelde islamista Hayat Tahrir al-Sham (HTS), el nuevo gobierno surgió tras el derrocamiento del régimen de Asad a finales de 2024. Este cambio se ha desarrollado con extraordinaria rapidez, abarcando diplomacia de alto nivel, alivio de las sanciones y una mayor cooperación en materia de seguridad.
Pero este cambio radical también ha puesto de manifiesto la fragilidad de la confianza entre Washington y Damasco. Esta fragilidad quedó al descubierto en diciembre, cuando un ataque del Estado Islámico (ISIS) en el centro de Siria mató a dos soldados del ejército estadounidense y a un intérprete civil, las primeras bajas militares estadounidenses en el país desde la caída de Bashar al-Assad. La emboscada, cerca de Palmira, fue perpetrada por un solo oficial de seguridad sirio presuntamente afiliado a ISIS. Estados Unidos respondió posteriormente con una oleada de ataques aéreos contra emplazamientos afiliados a ISIS.
El 13 de diciembre, frente a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump declaró: «Lamentamos la pérdida de tres grandes patriotas en Siria». Trump afirmó que Siria «luchaba junto a nosotros» y calificó el incidente como un ataque del ISIS contra las fuerzas estadounidenses y sirias.
La resistencia interna y la presencia de tropas estadounidenses
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