Cuando el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman llegue a la Casa Blanca el 18 de noviembre, recibirá una bienvenida de gala reservada para uno de los aliados más importantes del presidente Donald Trump; los líderes tienen previsto discutir prioridades estratégicas que abarcan desde los lazos de defensa hasta la reconstrucción de Siria y otros temas.
Más allá del boato y las fotos para la prensa, la visita también pondrá de relieve cómo se está redefiniendo la alianza entre Estados Unidos y Arabia Saudí en la era de la inteligencia artificial. Seis meses después del viaje de alto perfil de Trump a Riad —la primera parada en el extranjero de su segundo mandato—, la visita del príncipe heredero a Estados Unidos destaca una relación que se está alejando de la venta de petróleo y armas para centrarse en la inversión, los datos y el poder digital.
Esta será la primera visita del líder de facto de Arabia Saudita, conocido como MBS, a Estados Unidos desde 2018 y debería mostrar las ambiciones del reino de convertirse en un centro mundial de inteligencia artificial. Además de las conversaciones sobre defensa, cooperación nuclear y seguridad regional, la reunión también se centrará en semiconductores, infraestructura de datos y alianzas tecnológicas.
Tras el viaje de Trump en mayo, en el que la Casa Blanca celebró promesas de inversión saudíes por valor de 600.000 millones de dólares y generó megaacuerdos para gigantes tecnológicos estadounidenses como Nvidia, esta visita podría ser una continuación igualmente ostentosa, con ambas partes deseosas de convertir la buena relación personal en nuevos titulares sobre inversiones. Sin embargo, la afinidad personal y los ambiciosos compromisos no siempre se han traducido en resultados concretos. Un ejemplo claro: los acuerdos entre EE. UU. y Arabia Saudí para la adquisición de chips de IA, anunciados en mayo, aún no se han concretado.
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