Cuando la Unión Soviética lanzó el Sputnik en 1957, Mao Zedong, según se dice, se burló de que China ni siquiera pudiera enviar "una sola patata al espacio". Casi siete décadas después, Pekín no es solo una potencia espacial, sino que se ha convertido en una plataforma de lanzamiento para otros, incluidos países de Oriente Medio que aspiran a aprovechar su éxito.
La transformación de China es visible en sus propios logros. Ha enviado astronautas a la órbita, ha aterrizado exploradores en la Luna y Marte, ha desplegado su sistema de navegación BeiDou de desarrollo propio y ha construido su propia estación espacial. Sin embargo, Pekín exporta cada vez más estas capacidades al extranjero, convirtiéndose en un socio clave para los países de Oriente Medio y el norte de África que buscan desarrollar satélites, servicios de navegación e industrias espaciales propias.
Ese cambio se hizo evidente el 10 de diciembre, cuando CAS Space lanzó su undécimo cohete Kinetica-1, que transportó el satélite 813 de los Emiratos Árabes Unidos y el Experimento de Nanosatélites de Plasma Espacial de Egipto a la órbita baja terrestre. Esta misión fue la más reciente de una creciente lista de lanzamientos chinos que colocan satélites de Oriente Medio y el norte de África en órbita, incluyendo los de Turquía, Argelia, Arabia Saudita, Sudán y Omán.
La presencia de China en el sector espacial de la región hoy en día se extiende mucho más allá del suministro de satélites.
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